Los huertos escolares ofrecen una educación de mano-en-tierra

Andrew Kauffman y Shelley Kauffman – Lo bueno de Goshen

     

A lo largo de este otoño, un grupo de estudiantes entusiasmados de las escuelas primarias de Goshen cosecharán las papas que sembraron a inicios de la primavera pasada. Cuando llegue la celebración de Acción de gracias (Thanksgiving), comerán platillos preparados con las verduras que ellos mismos cultivaron. Unos estudiantes aprenderán por primera vez, a usar rastrillos, palas y horquetas. Otros ayudarán a sembrar jardines de flores, o aprenderán a sembrar bulbos en la tierra fresca.

El nuevo conocimiento de los estudiantes sobre los cultivos se debe al esfuerzo de dos maestros muy apasionados del sistema escolar de Goshen: Andrew Kauffman (graduado de Goshen College en el 2004), maestro de Chandler Elementary School, y Shelley Kauffman (graduada de Goshen College en el 2004), maestra de Waterford Elementary School. Ambos Andrew y Shelley tuvieron una función importante en la introducción de la educación del cultivo en sus escuelas. (Resulta que además son familia – Shelley es casada con el gemelo de Andrew). Andrew y Shelley comparten un profundo interés por educar a los niños sobre la importancia de cuidar el medio ambiente, que nace de un aprecio generalizado por la naturaleza al aire abierto.

“Siempre me ha encantado andar afuera”, dijo Andrew. “Mis padres tuvieron un huerto grande cuando crecíamos. Ahora, quiero que mis estudiantes crezcan con eso mismo; quiero que estén conscientes del mundo maravilloso que les rodea”. De modo que Andrew lo puso en marcha. Durante el curso lectivo pasado, Andrew le pidió permiso a la oficina central de Goshen Schools para convertir una amplia zona de terreno desocupado del campo de juego de la escuela Chandler Elementary, en un jardín de flores.

“Observé que el campo de juego no tenía muchas opciones para que los niños interactuaran con el pasto, las flores y las plantas”, dijo Andrew.

Los dirigentes escolares también reconocieron la necesidad, así que la propuesta de Andrew fue aceptada muy pronto. Tres semanas después de que Andrew hiciera la propuesta inicial, el jardín fue creado. El planeamiento y la implementación del jardín fue más fácil con el apoyo extraordinario del la junta de padres y voluntarios. El día que hicieron el jardín, los estudiantes del jardín de niños sembraron plantas suculentas, los padres y maestros ayudaron a cargar tierra y a cubrirla con virutas de corteza picada, los estudiantes de primaria ayudaron a regar, y hasta el concejal Jeremy Stutsman se hizo presente para acomodar piedras de 200 libras.

“Se ve tan diferente que antes”, dijo Andrew. Era una selva de asfalto, y ahora es un jardín donde los niños pueden relacionarse con su entorno”.

“No hubiéramos podido hacerlo sin la ayuda de todos”, agregó. “Fue un gran esfuerzo a nivel de toda la escuela”. Shelley también inició el proceso de agregar un sembradío en el campo de juego de Waterford el año pasado. Ella y con otros maestros y estudiantes entusiastas, tuvieron la idea de sembrar un huerto de verduras y vegetales. Así, sus estudiantes aprenderían a cultivar comida, a prepararla, e inevitablemente, a apreciar el gran esfuerzo que se requiere para la producción de los alimentos.

Shelley le presentó su idea a la junta escolar y se mostraron muy entusiasmados.

“[La junta escolar] estaba tan emocionada al escucharlo, y eso ayudó para el arranque,” dijo Shelley. “La gente sencillamente donó cosas como plantas y llantas; hubo empresarios que nos hicieron descuentos; padres y maestros se ofrecieron de voluntarios para regar en el verano. Fue fácil lograr la participación de la comunidad”.

La clase de tercer grado de Shelley ayudó a construir el huerto durante el curso lectivo pasado. No es un huerto típico, es un huerto elevado, construído a base de fardos de paja y llantas amontonadas. Shelley dice que optaron por un huerto con fardos de paja porque sería fácil de desmantelar y quitarlo, y cuando el huerto deje de cumplir su función al final del año, la paja puede ser convertida en abono orgánico. Los huertos de llantas facilitan el proceso de cosechar las papas: con solo quitar las llantas, sin necesidad de escarbarlas con pala.

“Ambas estructuras han permitido que los estudiantes vean el ciclo de vida de las plantas”, dijo Shelley.

Shelley ayudó a los estudiantes a sembrar las semillas en maceteros en el aula, para que pudieran reflexionar sobre cómo crece la comida. La semillas fueron sembradas en maceteros en las aulas y luego llevadas al huerto.

“Me alegra tanto que los chicos han visto este proceso, para ver cómo crecen las cosas”, dijo Shelley. “Cuando regresen en el otoño, verán plantas bien desarrolladas, mariposas tipo monarca y macaón – hasta libélulas – rondando por el huerto”.

A pesar de que los proyectos de Waterford y Chandler se han dedicado a diferentes tipos de cultivo, ambos han sido dirigidos por maestros que creen que la enseñanza del cultivo es importante para los niños, no solo para enseñarles sobre las destrezas manuales táctiles. Dicen que ayuda a aprender a apreciar el tiempo al aire libre.

“Queremos enseñarles a no decir “guácala” o “qué asco” cuando ven un bicho; a no estriparlo de inmediato”, dijo Andrew. “Queremos que sepan que un bicho tiene un gran impacto en el mundo de ellos. Esas lombrices van ayudar a que nuestras flores crezcan”.

Shelley estuvo de acuerdo,“Muchos estudiantes no tienen ni idea de dónde viene la comida – creen que viene del supermercado”, dijo Shelley. “Hay tantos niños que no salen afuera; están acostumbrados a quedarse adentro jugando juegos de video. Pero este proyecto les da una oportunidad de relacionarse con el medio ambiente”.

Ahora, al finalizar el verano, hay chiles morrones maduros y verdes, hierbas de colores resplandescientes, y plantas sanas de papas que se asoman entre la paja y las llantas. Pronto, los estudiantes correrán afuera para el recreo, directo a sus huertos, a cosechar los frutos de su labor.

“Tienen tanta energía cuando trabajan en el huerto”, dijo Shelley, riendo. “En el recreo, todos quieren ayudar en el huerto. Se desviven por jalar baldes de agua y por ensuciarse las manos. Están emocionados por ser parte de algo”.

Andrew Kauffman y Shelley Kauffman – Lo bueno de Goshen

“Quiero que mis estudiantes crezcan con eso mismo; quiero que estén conscientes del mundo maravilloso que les rodeaó.”

Andrew Kauffman y Shelley Kauffman – Lo bueno de Goshen

“Queremos enseñarles a no decir “guácala” o “qué asco” cuando ven un bicho; a no estriparlo de inmediato.”

Andrew Kauffman y Shelley Kauffman – Lo bueno de Goshen

“Fue fácil lograr la participación de la comunidad.”

“Me alegra tanto que los chicos han visto este proceso, para ver cómo crecen las cosas.”

   
Fotografía • Lynne Zehr Editor • Marlys Weaver-Stoesz Traductor • Susana Cabezas

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